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El mundo está cambiando. Y lo está haciendo a una velocidad vertiginosa, nunca experimentada en nuestros contextos económicos, que está complicando el pronóstico de lo que está por venir. La nueva revolución industrial trae consigo una transformación tecnológica y digital de tal calibre que cambiará sin remedio nuestras sociedades. En este contexto, la sociedad se pregunta sobre el futuro del empleo y sobre el impacto de estos cambios en la creación de nuevos puestos de trabajo.

Los pesimistas afirman que esta revolución será responsable de una destrucción masiva de empleo debido a la automatización y a la transformación de los métodos creativos y productivos. Los optimistas, en cambio, aseguran que el cambio introducirá nuevas oportunidades, muchas de ellas todavía inexistentes.

“El mundo está cambiando a una velocidad vertiginosa nunca experimentada”

Lo cierto es que, aunque esta transformación del empleo ha ocurrido en todas las revoluciones industriales anteriores, la historia demuestra que hasta el momento los optimistas han tenido razón a largo plazo. Como ejemplo, la renta ‘per cápita’ en Estados Unidos se multiplicó por siete en el siglo XX. Pero la tasa de desempleo sigue siendo similar a la de hace más de 100 años, a pesar del aumento de la población activa y de la pérdida masiva de empleos en el sector primario.

La gran diferencia estriba en la velocidad del cambio actual que obliga a afrontar el reto con nuevas estrategias que permitan a nuestros jóvenes adaptarse rápidamente.

En la revolución anterior la extensión y mejora de la educación durante el s.XX fue clave para la obtención de resultados tales como la notable reducción del promedio de horas semanales trabajadas o el espectacular aumento de renta per cápita en los países etiquetados como desarrollados. En esta ocasión debemos aprender de las lecciones aprendidas, pero adaptándolas al siglo XXI en el que vivimos. La educación debe continuar liderando el conjunto de estrategias para afrontar los retos que el futuro nos depara.

¿Cómo se traducirá todo esto en nuestro entorno?

“En España 5,11 millones de trabajadores estarán bajo el peligro de perder su puesto de trabajo en los próximos años”

La propia OCDE publicó hace unos meses su propio informe en el que estima que, de media, un 9% de los empleos son automatizables, aunque establece diferencias entre sus 21 países analizados. En España se eleva hasta un máximo del 12%. Esto significa que en nuestro país más de una de cada diez profesiones corren peligro de desaparecer a causa de ello. O, por decirlo de otra manera, 2,2 millones de empleos se destruirían, teniendo en cuenta que actualmente hay 18,5 millones de ocupados. Y eso que éste es el análisis más optimista. CaixaBank Research, apoyándose en el estudio de Oxford, incrementa ese riesgo en España hasta el 29%.

Por otro lado, la OCDE afirma que el 50% de los trabajadores con estudios inferiores a la Educación Secundaria están en riesgo de perder su empleo por la automatización. Por tanto, en España hay 5,11 millones de trabajadores bajo el peligro de esa espada de Damocles.

Si el objetivo de la escuela es preparar a los jóvenes para un futuro que no alcanzamos siquiera a vislumbrar, debemos adaptar nuestros métodos para ayudarles a no quedarse atascados en un presente que nunca han visto. Hay que ayudarles a elegir pensar y actuar en lugar de recordar como principal estrategia.

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